Ruth, una migrante haitiana que vive en Rosario y trabaja como repartidora para una aplicación, ve su vida tambalear cuando un romance secreto con una artista la divide entre las rígidas expectativas de su comunidad conservadora y la fascinación por un mundo de libertad donde encuentra otra forma de habitar la ciudad.
Sinopsis
Ruth (31) es una migrante haitiana que vive en Rosario junto a su hermana Marie (37) y su sobrino Juan (5). Llegaron en 2015 escapando del desastre del terremoto de 2010. Ruth se debate entre sus estudios de medicina en la UNR, el cuidado de Juan y sus jornadas como repartidora de delivery. Una noche de tormenta, tras un accidente que daña su bicicleta, Ruth busca refugio en la casa de su última clienta: Greta (36), una fotógrafa de clase acomodada. Greta la invita a pasar y surge una conexión inmediata. El encuentro casual deriva en un romance. Ruth empieza a frecuentar el entorno bohemio de Greta, un mundo fascinante y ajeno donde explora una intimidad afectiva y sexual completamente nueva para ella. Esta relación la lleva a descuidar sus responsabilidades. Marie nota el cambio y expresa su preocupación, pero Ruth evita confrontarla: viene de una familia profundamente religiosa que jamás aceptaría una relación homosexual, y ella misma intenta procesar lo que le pasa. En paralelo, la comunidad haitiana prepara su participación en el Encuentro de Colectividades de Rosario. Ruth colabora sin el entusiasmo de antes. El conflicto estalla cuando Greta y sus amigos visitan el stand haitiano; los comentarios triviales y la mirada exótica del grupo generan una profunda incomodidad en Ruth, evidenciando el choque entre sus raíces y el nuevo mundo al que intenta pertenecer. Poco después, al intentar profundizar el vínculo, Ruth descubre que Greta planea mudarse a Europa y no busca compromisos. Tras el distanciamiento, herida pero en proceso de asimilación, Ruth se repliega en la escritura. Un día, mientras acompaña a su sobrino, un grupo de chicas la invita a jugar al fútbol. Ruth duda, pero acepta. Corre, se ríe, se equivoca. En ese gesto simple comienza su reconstrucción.
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